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Rayo Vallecano: El Sevilla convierte a cualquier rival en el Bayern Múnich (0-1)

Rayo Vallecano: El Sevilla convierte a cualquier rival en el Bayern Múnich (0-1)

Fran Montes de Oca

Sevilla
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Espantoso. Casi 100 minutos de juego en el Sánchez-Pizjuán para ser incapaces de hacerle un solo gol al tan respetable como valiente Rayo de Iraola, que se llevó todo el botín de Nervión de forma merecida y gracias al golazo de un utrerano como Álvaro García. Sevillista confeso, para ponerle más guasa al panorama de penurias que ahoga al membership blanquirrojo y a su mosqueada parroquia. Volvieron los cánticos contra el palco. Realmente, el sevillismo ya no sabe ni dónde mirar. Sampaoli no levanta al enfermo. Este sábado no hubo progresión sino un peligrosísimo paso atrás. Tanto es así que la derrota vuelve a empujar al Sevilla FC a otear los puestos de descenso, cuando esto va ya por la jornada 12ª.

Aparecen fantasmas y pecados que parecían ya en proceso de olvido. Físicamente, la escena es dantesca. Como pasaba en los últimos tiempos de Lopetegui, cualquier rival que juega contra el Sevilla FC parece el Bayern Munich o un primo hermano de un equipo devastador. Pues, cuidado, que hay que viajar ahora a Manchester para enfrentarse al Metropolis de Haaland en su casa, con riesgo de ridículo, y después afrontar el derbi contra el Betis.

El técnico santafesino del Sevilla FC sorprendió con una distribución táctica eminentemente ofensiva, repleta de elementos a los que el fútbol moderno etiqueta con esa manida condición de jugar el balón al pie. Sampaoli volvió a prescindir de los delanteros, invocando otra vez el estéril canto del falso ‘9’ con Isco como referencia ofensiva. En esa formación más romántica que efectista, el entrenador le dio incluso sus primeros minutos en LaLiga al ‘desaparecido’ Januzaj. La irrupción del belga por banda, la verdad, no dijo gran cosa, como el desempeño de todo el equipo en una de las primeras partes más insulsas que se recuerdan por el Sánchez-Pizjuán. El Sevilla FC no fue capaz de tirar a puerta durante el primer acto. Pero es que ni siquiera remató fuera. Y para colmo se vio a merced de un oponente inferior, teóricamente, a años luz de su presupuesto. Horrible. Sampaoli se vio obligado a removerlo todo tras el descanso, a mover piezas, a tirar de Rafa Mir… pero la película no hizo sino ir a peor con el mazazo de Álvaro García.

No se habían cumplido los dos minutos de partido cuando el Rayo, descarado por decreto, avisaba de que no venía a pasearse por Nervión. Un latigazo de Isi Palazón desde 37 metros casi sorprendió a Dmitrovic, que tuvo que reaccionar a contrapié para repeler el esférico a córner y evitar así un prematuro chaparrón de nervios. Y es que el portero serbio del Sevilla, titular otra vez por las molestias de Bono, agarró un papel elementary en los primeros compases del choque para soslayar el derrumbe de los suyos. Sin tiempo para que la grada se repusiera del primer susto, el de Subotica volvería a impedir el gol del Rayo anticipándose esta vez a la carrera de Camello en el mano a mano. El golpe de los madrileños pareció seguro, pero la pericia del cancerbero sevillista ahuyentó el drama. Al menos, lo aplazó…

Dmitrovic fue el mejor de los locales durante la primera hora de juego y eso evidentemente no suponía ninguna buena noticia para el plan trazado por Sampaoli. Camello, ese puntal rayista cedido por el Atlético y sustituto en el Sánchez-Pizjuán del lesionado Falcao, siguió volviendo loco a todo el entramado defensivo de los nervionenses, encadenando una llegada tras otra. La enésima partió de una absurda pérdida de Rakitic que terminó habilitando al estilete madrileño dentro del área. Por fortuna, Dmitrovic se agigantó de nuevo en su arco, abortando con la pierna izquierda el disparo a bocajarro del delantero rival.

El Sevilla FC se quedó sólo en la voluntad. De fútbol y contundencia en las áreas, nada de nada. Lo terminaría pagando caro. Las imprecisiones y los errores propios hicieron el resto para una condena inevitable. Anestesiado el centro del campo con Óliver, Jordán y Rakitic. Sobrepasados todos por la intensidad del bloque de Iraola. Arriba, muy poquito de Lamela y absolutamente nada del resto.

Sin goles, pero con una agria sensación en la grada, se marchó el partido al intermedio. Sampaoli agitó su invento; retiró del campo a Rakitic y Januzaj, y le dio probability al Papu con Rafa Mir. El hecho de pasar a jugar con un delantero activó algo al equipo en ataque, aunque el estímulo resultó a todas luces insuficiente. Mir se fabricó la mejor acción ofensiva del Sevilla y acarició el gol en lo que se quedó en un mero espejismo. Porque el conjunto de Sampaoli iba a ir a peor, empeñado en naufragar sin freno hacia la derrota.

Unai López había puesto a prueba al exigido Dmitrovic en un par de llegadas como preámbulo del desastre, hasta que en el minuto 61 de partido, un utrerano que para más inri se confiesa sevillista, Álvaro García, hilvanó el golazo que decidió el encuentro a favor del Rayo. Merecidamente. El extremo zurdo recibió en su parcela, sentó a Montiel, penetró hacia la media luna y, ante la salida de Marcao y Gudelj, se sacó un zapatazo raso que superó a Dmitrovic para convertir el 0-1.

Caos. Los locales fueron incapaces de sobreponerse al golpe. El tramo remaining del choque sólo sirvió para constatar la impotencia del equipo y acumular más noticias nefastas, como la cartulina amarilla que vio Isco y que le impedirá jugar el derbi de la semana que viene. Sampaoli, de momento, tampoco levanta a este enfermo.

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